domingo, 19 de agosto de 2007

en el nombre del padre


Caminar por los cementerios no le daba miedo, ella pensaba que total todos estaban bien muertos, ya no importaba nada, como hayan sido sus vidas felices o tristes, largas o cortas, todos estaban bien fríos y callados bajo unos cuantos metros de tierra y eso la hacia sentir segura. En cambio, caminar por las veredas llenas de gente vivas e inquietas, eso si que le daba miedo, aunque ella lo disimulaba muy bien, “las debilidades no se muestran”, decía su padre y aunque ella odie admitirlo, si se parecía a él en algunas cosas. Frases come esa la sorprendieron a muy temprana edad pegándose a su mente como un tatuaje que un día te haces y te parece de lo mas cool, y cuando despiertas por la mañana, bodrio total, pero nada que hacer ya esta. “los niños no hablan en la mesa” todavía le costaba hablar en público, y cuando ya era adolescente: “las niñas decentes no se pintarrajean” le grito, quitándole la pintura de los labios de una bofetada en plena calle. Esta vez la rebeldía adolescente hizo que hiciese todo lo contrario, aunque todavía cuando lo recuerda le arden las mejillas del coraje por el manotón.
Caminaba con cierta dificultad por el cementerio donde había sido enterrado su padre, obviamente ella no asistió tampoco al funeral, solo después de dos meses pudo reunir el coraje suficiente para viajar a su pueblo natal, cosa que nadie de su familia reprocharía, todos testigos de los abusos de que fue victima por parte de su progenitor, claro esta en eso tiempo nadie se digno a ayudarla. Se fue de su casa a los 17 años, cuando su padre en una de sus borracheras trato de abusar de ella, eso si que no lo soportaría, con la misma botella que su padre vacío minutos antes, lo golpeo una sola vez en la cabeza, todo muy limpio nada de sangre, desmayo instantáneo.
Tomo sus cosas las joyas de su madre que murió cuando ella nació y todo el dinero que pudo encontrar. Desde ese día se hizo cargo de si misma se matriculo para terminar la enseñanza media y después entro a la u a estudiar historia.El cementerio estaba ubicado en la ladera de un cerro, este terminaba en un acantilado que caía bruscamente al mar desde donde sobresalían rocas negras cubiertas por algas y todo tipo de conchitas, las nubes se amontonaban en el horizonte empujándose unas a otras y el sol las teñía de tonos naranjos y violetas, el paisaje la sustraía de la realidad. De pronto algo tibio en su mano le hizo recordar que hacia en ese lugar, había apretado demasiado las rosas que llevaba y las espinas se le clavaron en las palmas.

Por fin encontró la tumba de su padre, sintió alivio de que el no pudiese tocarla y de no tener que hablarle. Arrojo con fuerza las flores sobre la lapida y pateo la fotografía que estaba sobre un montón de flores artificiales desteñidas, horribles, ofensivas para la belleza del lugar, pero pensó que su padre no merecía más que eso quizá menos. Las rosas blancas que le llevo no eran una ofrenda para el sino un símbolo de paz para ella.
La muerte con sus negras y amorosas alas vino a poner fin a sus antiguos temores ya no dormiría mas con la puerta cerrada y podría empezar a perdonar, todo era mas fácil con su padre siendo consumido por los gusanos, polvo al polvo, el ciclo de la vida y la muerte tan confiable la única seguridad en este mundo incierto, todos moriremos alguna vez, ya vera cada uno como vive hasta que eso pase.
Se sentó y lloró, lloró por todo por su madre por su padre por el guión de su triste historia, por fin se sintió en paz, respiro profundamente y se despidió de su pasado para siempre.

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