domingo, 19 de agosto de 2007

una hora en tu vida toda mi vida


Cuando recuerdo esa tarde mi gastado cuerpo vibra de nuevo. Fue sólo una hora para ti, para mí una vida entera, el resumen de todo lo que busqué y no encontré, concentrado esa tarde en ti. Nunca supe tu nombre, tu edad, nada, sólo sé que fuiste real y posaste para mí una hora de tu enigmática vida. Enigmática sólo para mí, no para las personas que te rodeaban, no para el maldito que te echó a patadas de su departamento. Los envidie y odie por poder estar a tu lado acariciarte, besarte, hacerte el amor, verte dormir y todas esas cosas que yo hubiera hecho rendido por la admiración, tu ser, tu esencia y tu todo, fueron la respuesta a mil preguntas.

Estuviste unos quince minutos esperando al imbécil de tu novio; el sol moría fatigado después de un día fatigoso y sofocante. La luz era perfecta para fotografiar. Estaba parado en mi ventana, sostenía flojamente la cámara en mis manos tratando de enfocar algo, cualquier cosa, aunque sin la esperanza de lograr algo bueno, hasta que el lente se cruzó en tu camino, presioné el botón y giraste, mientras hacia esto lo gire unas cuantas veces más; me miraste con tu sonrisa de mujer fatal y todo de ahí en adelante fue un diálogo prohibido entre tu y la cámara; yo solo era un solitario voyerista que escribía pésima poesía, adicto a las drogas fuertes, el alcohol, las películas viejas y el blues.

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